Economía

Como sucediera con Borges, el Comité del Premio Nobel, se olvida de un argentino: ¿quién es?

El comité que eligió a Robert Hall y Michael Woodford para el Nobel de Economía 2026 ayer publicó un documento técnico de 55 páginas. Entre ecuaciones de Euler y curvas de Phillips aparecen dos apellidos argentinos. No como simples notas al pie.

El modelo neokeynesiano, que hoy usan casi todos los bancos centrales, necesita explicar por qué los precios no se ajustan al instante. Sin esa rigidez, la política monetaria no tendría efectos reales y la tasa de interés sería un número decorativo. El documento menciona dos formas estándar de modelarla, con Julio Rotemberg y Guillermo Calvo. Esas dos formas son la “fijación de precios a la Rotemberg” y la “fijación de precios a la Calvo”.

Como sucediera con Jorge Luis Borges, ayer quedó la sensación de que el comité de selección del Nobel se está olvidando de otro argentino, el propio Calvo. Pablo Guidotti, otro de los economistas argentinos más respetados hoy, posteó en X que “Guillermo Calvo habría sido una mejor opción para el Premio Nobel de Economía de este año”. Consultado por El Cronista, agregó que “los aportes de Calvo a entender los temas macro para economías emergentes y su interacción con los mercados de capitales han sido muy influyentes no solo en la realidad sino también en la formación de toda una generación de macroeconomistas”. Otro economista, Carlos Rodríguez, en un asado con economistas el viernes, destacó también la figura del propio Calvo y su influencia en el ámbito académico.

Guillermo Calvo nació en Buenos Aires en 1941. Su padre trabajaba en el Banco Central, y fue Julio Olivera quien lo empujó hacia la economía. Se doctoró en Yale en 1974, paradójicamente sin contar con título de grado, enseñó en Columbia, Pennsylvania y Maryland, fue asesor del FMI y economista jefe del BID entre 2001 y 2006. En 1978 ya había escrito sobre la inconsistencia temporal de la política monetaria, el problema de credibilidad que también recorre el documento del comité. Su obra va mucho más allá de los precios rígidos. Acuñó o popularizó conceptos que hoy son jerga de mercado, como “sudden stop” o “miedo a flotar”, y anticipó el efecto Tequila. Recibió el Premio Rey Juan Carlos de Economía en 2000 y el FMI le dedicó una conferencia en su honor en 2004.

Para el comité, el trabajo de Rotemberg de 1982 fue el primero en meter la rigidez de precios en un modelo dinámico completo, con empresas que pagan un costo cada vez que remarcan. Salió el mismo año que el paper de Kydland y Prescott que fundó la escuela del ciclo real. El texto lo dice sin vueltas: la mayoría siguió los pasos de Rotemberg. Después vino la sociedad con Woodford. De los diez trabajos que el comité enumera como pasos clave hacia el modelo premiado, la mitad lleva la doble firma con el argentino.

Rotemberg nació en Buenos Aires en 1953. Se graduó en Berkeley y se doctoró en Princeton en 1981, con Alan Blinder como director de tesis. Enseñó en el MIT entre 1980 y 1996 y desde 1997 en la Harvard Business School. Publicó más de 50 trabajos y en sus últimos años se dedicó a algo que el hada de Calvo no explica: por qué a las empresas les cuesta tanto bajar precios, una pregunta que abordó desde la economía del comportamiento. En 2016 la American Economic Association lo nombró Distinguished Fellow. Murió de cáncer en abril de 2017, a los 63 años. Meses después, la Universidad Di Tella lo declaró doctor honoris causa. Un profesor de la Universidad de Chicago decía siempre que Rotemberg “tenía una idea nueva todos los días”.

Desde 1974 el Nobel no se entrega en forma póstuma, y el propio documento recuerda su muerte en la misma frase en que enumera sus aportes. Es difícil imaginar el premio de este año sin él: durante dos décadas fue el socio intelectual de Woodford en la construcción del modelo.

En relación a Calvo Calvo el comité lo ubica entre los antecedentes que precedieron a Woodford, junto a John Taylor, Olivier Blanchard y Nobuhiro Kiyotaki, otros tres que también se quedaron afuera. Pero su mecanismo es el que permite derivar una de las tres ecuaciones del modelo.

Argentina hizo de la inflación una forma de vida y exportó a dos de los economistas que le enseñaron al mundo por qué los precios tardan en moverse.

Guillermo Calvo, en una entrevista, me dijo algo concreto sobre el Premio Nobel: “es un dolor de cabeza para el que lo recibe, la demanda es infinita y acaba con la privacidad”.

Mentes brillantes, con o sin premio Nobel.